Las palomitas de maíz y el cine forman una dupla inseparable, pero este icónico bocadillo no siempre estuvo presente en las salas de proyección. Su historia es una mezcla de evolución cultural, estrategias comerciales y cambios en los hábitos de consumo que transformaron para siempre la experiencia cinematográfica.
El maíz ha sido un alimento fundamental en América durante miles de años. Se sabe que las culturas prehispánicas, como los mayas y los aztecas, ya conocían y consumían palomitas de maíz, a las que llamaban totopoca, que significa “granos que explotan”. Durante siglos, este snack se preparaba en fogatas y se comía sin ningún aditivo especial.
A finales del siglo XIX y principios del XX, el cine comenzó a consolidarse como un entretenimiento popular. Sin embargo, en sus inicios, las salas de cine intentaban emular el ambiente elegante de los teatros, por lo que se prohibía comer dentro. Además, los suelos alfombrados y la falta de ventilación hacían que los dueños de los cines temieran que los alimentos generaran desorden y suciedad.
Las palomitas, en cambio, se vendían en las calles por vendedores ambulantes que aprovechaban la aglomeración de personas fuera de los cines. A pesar de la popularidad de este snack, los propietarios de las salas de proyección aún se resistían a permitir su consumo dentro de los recintos.

Todo cambió en la década de 1930 con la Gran Depresión. En tiempos de crisis económica, las personas buscaban entretenimiento barato, y el cine se convirtió en una opción accesible. Al mismo tiempo, las palomitas de maíz, económicas y fáciles de preparar, se convirtieron en un alimento ideal para estos tiempos difíciles.
Los vendedores ambulantes comenzaron a instalarse en la entrada de los cines y lograban vender grandes cantidades de palomitas a precios bajos. Pronto, los dueños de los cines se dieron cuenta de que podían aprovechar esta tendencia y decidieron permitir la venta de palomitas dentro de sus salas.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el racionamiento de azúcar afectó la producción de caramelos y otros dulces. Esto hizo que las palomitas de maíz se convirtieran en la opción número uno para los cinéfilos. Para los dueños de los cines, las palomitas representaban una fuente de ingresos clave en tiempos de crisis, y su popularidad siguió creciendo incluso después del fin de la guerra.
En la década de 1950, la llegada de la televisión amenazó la industria cinematográfica, ya que muchas personas preferían quedarse en casa en lugar de ir al cine. Para atraer al público nuevamente a las salas, los cines comenzaron a mejorar la experiencia, ofreciendo sonido envolvente, pantallas más grandes y, por supuesto, promoviendo el consumo de palomitas con combos y promociones especiales.
Hoy en día, las palomitas son prácticamente sinónimo de cine. Las cadenas de cine han convertido este snack en una parte esencial de su modelo de negocio, generando grandes ganancias a través de la venta de palomitas con distintos sabores, tamaños y presentaciones.
Aunque con el auge del streaming muchas personas disfrutan del cine en casa, el ritual de preparar palomitas sigue siendo parte de la experiencia cinematográfica, ya sea en el cine o en el sofá de la sala.